Argentina y Uruguay volverán a cruzarse este viernes desde las 21.30 horas en el Templo del Rock de Obras por una nueva Ventana FIBA clasificatoria rumbo al Mundial de Qatar 2027, en un duelo que aparece como uno de los más exigentes del grupo para ambos seleccionados. Los dos llegan invictos (2-0) y con la posibilidad de encaminar seriamente su clasificación, por lo que el clásico del Río de la Plata tendrá un peso competitivo mayor al habitual. El partido no solo enfrentará estilos distintos, sino también dos procesos en construcción que atraviesan realidades particulares en cuanto a planteles, lesiones y disponibilidad de jugadores.
La gran preocupación argentina pasa por el juego interior. La preselección inicial sufrió múltiples bajas entre pivotes y ala pivotes: las lesiones dejaron afuera a Juan Fernández y Lee Aaliya, mientras que Juampi Vaulet quedó descartado tras fracturarse el tobillo y Tayavek Gallizzi debió ser operado de apendicitis. A eso se suma la situación física de Fran Cáffaro, que mañana no estará presente. Este escenario obligó al cuerpo técnico de Pablo Prigioni a reconfigurar la rotación interna, abriendo la puerta al regreso de nombres como el de Agustín Cáffaro, además de la vuelta de Javier Saiz. Gonzalo Bressan aparece como una pieza fija en la rotación, en un contexto donde los internos deberán multiplicarse ante un rival físico y agresivo.
Las dificultades no terminan allí para la albiceleste. La disponibilidad de los jugadores que actúan en Euroliga también condiciona la convocatoria. Los calendarios europeos complican a los jugadores de Euroliga (solo estará Juani Marcos vs. los charrúas). Argentina presentará un equipo con fuerte presencia de jóvenes y jugadores del circuito europeo fuera de la Euroliga, apostando más a la rotación y la intensidad que al peso individual. En ese marco, el perímetro tendrá una responsabilidad mayor tanto en generación ofensiva como en presión defensiva.
Justamente la defensa es el sello que Prigioni intenta consolidar desde hace dos años. El entrenador considera que la identidad del equipo debe construirse desde ese costado, una idea que se fortaleció tras la derrota ante Chile en las ventanas clasificatorias para la Americup, cuando Argentina recibió demasiados puntos y el cuerpo técnico decidió redefinir prioridades. Desde entonces, el seleccionado busca sostener agresividad en primera línea, controlar el ritmo y generar ofensiva a partir de recuperaciones y transiciones rápidas. Ante Uruguay, esa premisa será clave para compensar la falta de presencia interior.
Del otro lado aparece una selección uruguaya que construye su fortaleza desde el perímetro. El equipo dirigido por Gerardo Jauri tiene en Bruno Fitipaldo a su principal conductor y figura, acompañado por Santiago Vescovi como socio ofensivo y generador secundario. A ellos se suman Joaquín Rodríguez y Nicola Pomoli, jugadores capaces de aportar energía defensiva y rachas anotadoras, mientras que el joven Joaquín Taboada emerge como una de las novedades más interesantes por su capacidad de desequilibrio. Sin un dominio claro en la pintura, Uruguay apuesta a la velocidad, el tiro exterior y la ejecución colectiva para sostener su identidad. Un punto para resaltar sona las ausencias de 2 generadores celestes, como Nano Parodi, y Agustín Ubal.
El choque, entonces, propone un interesante duelo de medias canchas. Uruguay llega con mayor continuidad en roles y automatismos ofensivos, mientras que Argentina buscará imponer profundidad de plantel, recambio constante y presión defensiva durante los 40 minutos. Jugadores como José Vildoza, Gonzalo Corbalán, Álex Negrete y Dylan Bordón deberán asumir protagonismo en la generación, intentando desgastar a los manejadores celestes y evitar que el partido se juegue al ritmo que propone Fitipaldo, el arma que recupera Jauri